Tras el desayuno en el hotel, regresamos al Palazzo Reale di Milano para descubrir la segunda gran exposición de la temporada milanesa: Metafisica / Metafisiche, dedicada a uno de los episodios más fascinantes del arte italiano del siglo XX.
La muestra nos introduce en el universo de la pintura metafísica, corriente surgida en los años previos a la Primera Guerra Mundial que transformó profundamente la manera de representar la realidad. En las obras de Giorgio de Chirico, figura central del movimiento, aparecen plazas silenciosas, arquitecturas clásicas, largas sombras y objetos enigmáticos que crean una atmósfera de misterio y suspensión. Junto a él, Carlo Carrà desarrolló este lenguaje visual marcado por la extrañeza y la contemplación (maniquíes sin rostro, instrumentos científicos, interiores deshabitados) que ejercería una profunda influencia en el surrealismo.
Nos unimos después a nuestra guía Lorena para adentrarnos en uno de los barrios más singulares y discretos de la ciudad: el Quadrilatero del Silenzio. Construido a finales del siglo XIX y comienzos del XX por la burguesía milanesa surgida de la revolución industrial, este elegante barrio residencial responde al estilo Liberty (la versión italiana del modernismo europeo), con fachadas decoradas con motivos fantásticos, jardines ocultos y detalles arquitectónicos inesperados como la célebre Casa de la Oreja, donde un interfono con forma de oreja permitía hablar con el portero mucho antes de la invención de los porteros automáticos.
Durante el recorrido visitamos la extraordinaria Villa Necchi Campiglio, una de las casas museo más elegantes de la ciudad. Construida en los años treinta por el arquitecto Piero Portaluppi para la familia Necchi, es un refinado ejemplo del racionalismo italiano y de la sofisticación de la alta burguesía milanesa de entreguerras. Sus interiores conservan la decoración y el mobiliario originales, y el jardín con piscina crea un sorprendente oasis de calma en pleno corazón de la ciudad. Un lugar que adquirió además nueva notoriedad al servir como escenario del film Yo soy el amor de Luca Guadagnino.
Tiempo libre para disfrutar de la ciudad, pasear o descubrir su rica oferta gastronómica.